El poder del número 7

Si hay una obra que puede servir para ilustrar la influencia de Kurosawa en el cine mundial esta es Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1954), una película en la que la reconstrucción histórica del Japón del siglo XVI y de la ética del bushido, con su carga de honor, lealtad, virilidad y sacrificio heroico, se entremezcla de forma magistral con la acción.

Un film que puede disfrutarse como una película de aventuras con un tono épico y que se enmarca en lo que en el cine japonés se denomina jidaigeki (literalmente, periodo del drama) que se refiere a aquellas películas que representan épocas anteriores a 1868, es decir previas al periodo Meiji.

En Los siete samuráis, un veterano Shimura Kambei, interpretado por el prestigioso actor Takeshi Shimura, acepta proteger –y preparar para la lucha- a unos campesinos acosados por unos bandidos. Aquí ya se introduce un elemento que rompe con la función tradicional del samurái, el servir a los intereses de un noble señor, para acercarse a la dura realidad del pueblo bajo. El cansancio de Kambei ante una vida de batallas sin sentido le hace asumir, a cambio de tan solo tres platos de arroz al día, una misión casi suicida para la que recluta a seis samuráis más.

Un pueblo, unos bandidos, un líder y sus compañeros, un objetivo que cumplir aún a costa de la vida… En esta, solo en apariencia, sencilla premisa se esconde la esencia del relato épico, trasladable a cualquier cultura. Y también a otros géneros cinematográficos con una estructura que encaja perfectamente en el western o la ciencia ficción.

Proyecto titánico

El impacto de Los siete samuráis fue inmediato y obtuvo el León de Plata en Venecia en 1954. Un merecido reconocimiento para un film en el que Kurosawa sorprendía por el dinamismo del montaje, el empleo de varias cámaras y la expresividad de los planos, cuya composición se estructura a partir de la relación jerárquica entre los personajes y su psicología.

Un proyecto titánico que casi acaba con la salud y los nervios de su director, ya que tuvo que ser interrumpido en numerosas ocasiones por diferentes imprevistos. Además de sobrepasar con creces el presupuesto inicial prevista por la compañía productora, Toho. La cinta sufriría también la incomprensión de los directivos de la misma que tras su estreno decidieron que su metraje 3 horas y 20 minutos era excesivo y cortaron alrededor de una hora. Con un nuevo movimiento de tijeras, la versión que entonces se distribuyó en los cines comerciales occidentales quedó reducida a una 1 hora y 45 minutos, centrada en las escenas de acción.

Pero la semilla ya se había esparcido al viento…

The magnificent seven

Hollywood supo ver la fuerza y el ritmo de una trama que podía trasladarse al Oeste americano y que se ajustaba perfectamente a las características del wenstern. En 1960 se rodaba Los siete magníficos (The magnificent seven) remake de la película de Kurosawa, dirigida por John Sturges, que se convertiría en un clásico en su género. En esta versión Chris Adams, encarnado por el actor Yul Briner, es el cabecilla de la banda de caballerosos mercenarios.

El éxito de la película provocó que se rodasen tres secuelas más El regreso de los siete magníficos (Return of the Seven, 1966); La furia de los siete magníficos (Guns of the Magnificent Seven, 1969) o El desafío de los siete magníficos (The Magnificent Seven Ride, 1972), un auténtico spaghetti wenstern. El hilo conductor de todas ellas son las andanzas de Adams, aunque el rostro que lo interprete varíe. Mucho más reciente, la televisión tomó el relevo con los 23 episodios de Los siete magníficos. La serie (The Magnificent Seven, 1998-2000).

Pero la impronta de la película nipona no termina ahí. Puede detectarse claramente su influencia en, por ejemplo, Beach of the War Gods del director chino Zhan Shen Tan de 1973, producida por la hongkonesa Holden Harvest, en la que un espadachín reúne a cinco luchadores para defender a unos pescadores de los piratas… japoneses.

O en la india Saat Hindustani de 1969, dirigida por Khwaja Ahmad Abbas, en la que siete guerreros luchan por liberar Goa del dominio colonial portugués.

Ya en el terreno de la ciencia ficción Battle Beyond the Stars (Estados Unidos, 1980) traducida directamente para el mercado español con el título Los siete magníficos del espacio, dirigida por Jimmy T. Murakami. Pero también en Mundo Salvaje, de Lee Katzin en 1988.

Quizá una de las adaptaciones más interesantes es la serie de anime Samurái 7 (de Toshifumi Takizawa, 2004), en la que el mundo rural y jerárquico del Japón medieval convive con robots gigantes (mechas) en un pasado futurista.

  

Con una excelente factura en su imagen y desarrollo dramático, se encuentra entre el remake y la interpretación libérrima. Lo que no deja de reflejar un aspecto de la idiosincrasia japonesa: la enorme capacidad de relectura y reinterpretación de la tradición y de las múltiples influencias culturales, así como una relación compleja, de amor-odio, con la tecnología y sus consecuencias.

También el terreno de la animación el espíritu -y algo más- de Los siete samuráis se encuentra en Bichos, una aventura en miniatura [1998] de John Lasseter, donde un poblado de hormigas se ve acosado por unos malvados saltamontes que les roban la cosecha.  Además la serie de animación basada en la precuela de las Guerra de las Galaxias Clone Wars dedica su episodio Caza recompensas (Bounty Hunters) a Kurosawa y sus samuráis, un homenaje de George Lucas al director al que consideraba una gran fuente de inspiración.

Sería necesario un estudio monográfico para precisar todo el influjo de esta película de Kurosawa, por lo que nos detendremos aquí. No sin antes apuntar que  se puede detectar, por ejemplo, escondida en escenas de películas de serie B y éxito comercial como Conan El Barbaro;  en el mundo del comic como en los X-Men de Marvel o en novelas best-seller. Y si no que se lo pregunten a Stephen King.

Sin pretender hacer un juego de palabras cinéfilo, hay que reconocer que es misión imposible determinar cuál ha sido la película más influyente hasta la fecha. Pero en una lista de las 100 primeras Los siete samuráis debería ocupar un puesto muy destacado.

2 respuestas a El poder del número 7

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