Kuro-san pintor

Para un niño que se sentía diferente en clase y que creía que era incapaz de seguir el ritmo del resto, el descubrir que tenía talento artístico le proporcionó la seguridad para mejorar en el resto de asignaturas. Fue su profesor de primaria Seiji Tachikawa, una figura clave en la infancia de Kurosawa,  quien le animó a desarrollar su creatividad. Como reconoce en su autobiografía: “Desde entonces aunque seguía odiando el colegio, siempre me daba prisa por llegar los días que teníamos expresión artística” (1).

De ahí que, a lo largo de su adolescencia, insistiera en que quería ser pintor. Su padre le puso como condición acudir a una escuela de arte.  Pero como “amante de Cézanne y de Van Gogh que era” al joven Kuro-san le parecía que la enseñanza reglada “iba a ser una pérdida de tiempo” (2). Sobre todo no deseaba realizar el durísimo examen de ingreso porque temía suspender, como finalmente así fue.

A pesar de la decepción paterna, el suspenso le permitió proseguir sus estudios por libre con una formación menos rígida y más abierta a las vanguardias que estaban transformando el panorama artístico. “Un año después acabé el bachillerato con dieciocho años, y me aceptaron un cuadro en la prestigiosa galería nacional Nitten. Mi padre se sintió feliz” (3).

A finales de los años veinte, Japón vivía una etapa de crisis económica, golpeado por los vientos de la Gran Depresión que barrerían el mundo entero. Las convulsiones sociales afectaron también al mundo de las artes, que se debatía entre los movimientos revolucionarios y proletarios y el escapismo del erotismo y lo grotesco. Ante este panorama Kuro-san, inquieto, se sentía incapaz de sentarse ante el lienzo. Y además, “todo el material de pintura era tan caro que, considerando la situación financiera de mi familia, no podía pedir que me compraran todo el equipo completo”, explica en su autobiografía (4). Sin poder entregarse por completo a la pintura exploró la literatura, el teatro, la música y el cine.

En este último encontraría el lugar para desarrollar toda su potencialidad, ya que, para Kurosawa, el séptimo arte fue un medio de expresión plural con cualidades literarias, teatrales, filosóficas y musicales, relacionado también con la pintura y la escultura.

Aunque no llegase a convertirla en una profesión, la temprana vocación de Kurosawa por la pintura impregna todo su cine.  Así la imagen pictórica representa un referente crucial en su concepción cinematográfica. Además de ser uno de los puntos de partida para estructurar sus películas a partir de los storyboards en los que “cuenta” de una manera visual las diferentes escenas.

 

Irónicamente su reconocimiento como pintor, una vez consagrado como director de culto, le llegará a través de estas pequeñas piezas. «Yo no me proponía pintar bien. Simplemente utilicé con libertad los materiales y recursos que tenía a mano. Como mucho me ayudaron a realizar las películas […] Es curioso que cuando de verdad intentaba pintar bien sólo producía una obra mediocre, mientras que cuando sólo me preocupaba de esbozar las ideas para mis películas fue cuando produje obras que la gente considera interesante». (James Goodwin, Akira Kurosawa and Intertextual Cinema, The Johns Hopkins University Press, Baltimore-Londres, p. 221.)

 

(1) Autobiografía (o algo parecido), Akira Kurosawa, Fundamentos, Madrid, 2006, pag. 35.
 (2) Autobiografía (o algo parecido), Akira Kurosawa, Fundamentos, Madrid, 2006, pag. 117.
 (3) Autobiografía (o algo parecido), Akira Kurosawa, Fundamentos, Madrid, 2006, pag. 117.
 (4) Autobiografía (o algo parecido), Akira Kurosawa, Fundamentos, Madrid, 2006, pag. 118.

Anuncios

2 respuestas a Kuro-san pintor

  1. Pingback: Kuro-san pintor | La mirada del samurái

  2. Pingback: Amour, estrellas y Escándalo | La mirada del samurái / Samuraiaren begidara

Los comentarios están cerrados.