Los storyboards

 

 

 

 

Un storyboard consiste en un guión gráfico en el que se desarrollan en secuencia las escenas de una película para planificar su filmación.  Se trata de una serie de dibujos en forma de viñetas que permiten seguir la trama del futuro film desde una perspectiva visual y que tienen en cuenta aspectos técnicos como posición de la cámara.

En un principio el proceso de storyboarding tal y cómo lo conocemos hoy se atribuye al estudio de Walt Disney en los años 30, aunque la utilización de dibujos y elementos gráficos para transmitir la visión del realizador está unida al mundo del celuloide desde sus primeros tiempos.

En el caso de Kurosawa a pesar de que su formación artística partió de la pintura, vocación que abandonó en su juventud, sería la crisis cinematográfica japonesa de los años 70 y la imposibilidad de convencer a las compañías para que financiaran sus proyectos los que le llevaron a materializarlos.

Los storyboards de la exposición
Esta es la primera vez a nivel nacional que se exhiben los storyboards originales de Kagemusha, la sombra del guerrero [1980], Ran [1985], Los sueños de Akira Kurosawa [1990], Rapsodia en agosto [1991], Espera un poco [1993] y El mar que nos mira [2002] , junto a la proyección de fragmentos seleccionados de estas películas que permiten comprobar cómo estas pequeñas obras de arte cobran vida.

Para llevarlos a cabo Kurosawa recurre a su capacidad artística como dibujante y pintor empleando lápices, acuarelas, pastel y rotulador con un importante cuidado por el detalle ya que hasta el papel –un material que en Japón goza de una consideración y un respeto especial- varía según las intenciones del director.  Como indica James Goodwin (1): “Son auténticos bocetos que cumplen su función, pero, al mismo tiempo, el impacto de la apariencia y la escala evocan que podrían ser terminados como una pintura al óleo sobre lienzo”.

Kagemusha, la sombra del guerrero [kagemusha], 1980

«Cuando el guión de Kagemusha estuvo acabado lo presenté a varios estudios para rodarlo, pero fue en vano. Abandoné la esperanza de llegar a rodar algún día esta película. La idea de no llevar Kagemusha al cine se me volvió intolerable. Pensé que aunque no pudiese trasladar las imágenes a la pantalla, al menos quería que la gente las viera. Así que decidí dibujarlas». Akira Kurosawa

En un Japón devastado por las guerras feudales del siglo XVI, un ladrón de poca monta condenado a muerte es indultado por su gran parecido con el principe Shingen, líder de los Takeda en su lucha contra los clanes rivales. De esta forma se convierte en su doble (kagemusha) en las batallas, simple sombra del auténtico guerrero. Pero la muerte del príncipe le obligará a suplantarlo definitivamente. Una historia épica, relatada desde el punto de vista de la “sombra” y no desde la posición del héroe verdadero, que se convierte en una meditación filosófica sobre la identidad y el poder.

El storyboard está compuesto por 366 dibujos en los que Kurosawa manifiesta un profundo conocimiento de la sofisticada estética del Japón del período Azuchi Momoyama [1568-1603], en el que transcurre la historia, al que se suman múltiples referencias a la historia del arte occidental: desde las pinturas de batallas del bajo Renacimiento italiano a las escenas oníricas del simbolismo y el surrealismo de las vanguardias. Cuando el sueño de gloria de Kagemusha se transforma en pesadilla, Kurosawa evoca el expresionismo de artistas como Oskar Kokoschka, Chaim Soutine y Emile Nolde.

RAN, 1985
Ran, que puede traducirse como caos, guerra, miseria o anarquía, está basada libremente en El rey Lear  de Shakespeare, drama en el que Kurosawa encuentra cierto paralelismo con la historia de un clan samurái en el que los herederos luchan por el poder familiar, recogida en la leyenda del señor Moori Motonari y sus tres flechas.

Kurosawa trabajó en este guión entre 1976 y 1985. Durante esta década Japón había vivido su portentoso «milagro económico» en detrimento de los valores culturales tradicionales, una etapa de profundos cambios sociales que se refleja en los argumentos del director a través de un marcado pesimismo histórico.

Desde el punto de vista estilístico, Ran destaca por la fusión del drama occidental con la austeridad del teatro tradicional japonés No y su código ritual y simbólico que sustituye a la fluidez del diálogo. En un storyboard compuesto por 862 dibujos, Kurosawa desarrolla una iconografía con un complejo diseño que presta especial atención a los detalles del vestuario y de unos decorados que tardaron casi tres años en realizarse. En su estilo, además de la imaginería del teatro No, se detectan influencias de las batallas de estilo barroco y de las composiciones de Théodore Géricault.

Los sueños de Akira Kurosawa [Yume/Dreams], 1990

Este storyboard cuenta con 476 dibujos, para un guión compuesto por ocho sueños: «El sol brilla a través de la lluvia», «El huerto de los duraznos», «La tempestad de nieve», «El túnel», «Cuervos», «El monte Fuji rojo», «El demonio llorón», «La aldea de los molinos de agua» y «Vuelo», que Kurosawa no llegó a filmar.

Realizada a sus ochenta años, pese a no ser la última, esta película está considerada como su gran testamento fílmico, porque resume las grandes preocupaciones morales, estéticas e intelectuales de Kurosawa: la educación en la propia tradición cultural, el respeto por la naturaleza, la ética humanista, el horror evitable de la guerra, la creación artística como una pasión espiritual que supera las diferencias culturales, el temor ante la energía nuclear, las nuevas formas del mal y una postura crítica frente al progreso en su sentido occidental.

En sus dibujos Kurosawa emplea su profundo conocimiento del simbolismo, impresionismo, postimpresionismo, fauvismo, expresionismo y surrealismo, con un especial homenaje a Van Gogh, un pintor que a su vez se sintió fascinado con las composiciones, la luz, el color y el estilo sintético de los grabados japoneses. Algunas escenas contienen además referencias a las aventuras surrealistas de Chagall.

Rapsodia en agosto [Hachigatsu no rapusodi], 1991
Con un guión basado en la novela En la caldera, de Kiyoko Murata, retrata las relaciones entre tres generaciones de una misma familia, marcada trágicamente por el bombardeo atómico de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

El recuerdo de la bomba sirve como pretexto para abordar cuestiones cruciales de la sociedad japonesa contemporánea: el debilitamiento de los vínculos familiares ante la pérdida de los valores tradicionales, el materialismo, el perdón, la memoria y la relación entre Oriente y Occidente.

El storyboard está compuesto por 105 dibujos y frente al detalle de anteriores producciones está dibujado de una forma simple y esquemática, que busca plasmar una atmósfera de «silencio expresivo». El realismo intimista solo es roto por algunos episodios poéticos de carácter simbólico y por la utilización del collage surrealista, al estilo de Max Ernst o Luis Buñuel, para evocar la hecatombe nuclear.

Espera un poco [Madadayo], 1993
En un Tokio de postguera, los antiguos alumnos de un profesor retirado se reúnen para celebrar su cumpleaños y escenificar su entierro, mientras versionan el juego infantil del escondite preguntando al maestro: «¿Estás listo para irte al otro mundo?» [«Mahda-kai»], a lo que el profesor responde «¡No, todavía no!» [«Madadayo»].

Con un storyboard compuesto por 82 dibujos y un guión basado en las enseñanzas del profesor y escritor Hyakken Uchida, Madadayo es una película sobre la pedagogía y la relación alumno-profesor (deshi-sensei), un tema sobre el que Kurosawa reflexionó en numerosas ocasiones.

Kurosawa seleccionó cuidadosamente una gama de claroscuros que reflejan un ambiente denso y sombrío, de corte expresionista, en donde prevalecen los colores ácidos y una pincelada tosca. La larga escena final, en la que el profesor protagonista muere mientras sueña, sirve de fondo para la sobreimpresión de los créditos a manera de collage y presenta un tratamiento pictórico de la composición y del color espectacular.

Espera un poco fue la última película de Kurosawa, que ya estaba trabajando en un nuevo guión, que no pudo llegar a rodar.

El mar que nos mira [Umi wa miteita/The sea is watching], 2002
A pesar de haber escrito el guión y desarrollado el storyboard hacia 1993, está es la película que Akira Kurosawa no pudo llegar a rodar, ya que su producción se fue posponiendo debido a su delicado estado de salud. El maestro de directores murió en 1998, pero el proyecto sería retomado en 2002 por Kei Kumei, que aunque realizó algunos cambios respetó la imagen y la atmósfera de los dibujos de originales.

Con un guión basado en dos novelas de Shugoro Yamamoto, El mar que nos mira es la historia de amor prohibida entre un samurái y una geisha en el siglo XIX. En ella se aborda el poder de la naturaleza frente a los conflictos humanos.

En su último storyboard Kurosawa alterna dibujos de una gran simplicidad con otros de extremo preciosismo, que reconstruyen las casas de geishas del periódico Edo [1603-1868]. Se percibe en alguna de las escenas intimistas la influencia de las composiciones más orientalistas de Matisse.

(1) James Godwin, autor de “Akira Kurosawa and Intertextual Cinema”, The Johns Hopkins University Press, Baltimore-Londres y autor del capítulo: “El arte de Akira Kurosawa: un comentario” en el catálogo de la Exposición ‘Akira Kurosawa. La mirada del samurái’. En castellano, euskera e inglés. De venta en la tienda Shopa de AlhóndigaBilbao. Precio: 30 €

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